tag:blogger.com,1999:blog-13262048.post-61719598995170749542007-10-15T20:42:00.000-03:002007-10-17T22:54:25.703-03:00Sebastian Edwards llama a recuperar la audacia<a href="http://bp3.blogger.com/_vvzgt6EYCfM/RxP7m4KnCsI/AAAAAAAAAD0/yMIt9zt7kek/s1600-h/REP_EDWARDS.gif"><img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_vvzgt6EYCfM/RxP7m4KnCsI/AAAAAAAAAD0/yMIt9zt7kek/s400/REP_EDWARDS.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5121713846580873922" /></a><br />05-10-2007<br />Por Sebastián Edwards<br />Revista Capital<br /><br /><br />Nuestra costosa inflexibilidad Es importante entender que una profunda reforma <br />del mercado del trabajo no tiene por qué traducirse en desprotección de los trabajadores o en mayor precariedad laboral. De hecho, es perfectamente posible modernizar nuestra legislación y al mismo tiempo aumentar los ingresos de los más pobres y la protección de los asalariados.<br /><br />En sus memorias, Alan Greenspan dice que lo más <br />importante que aprendió en sus 18 años como <br />chairman de la Reserva Federal es que la economía <br />de los Estados Unidos es enormemente sólida y <br />resistente. El ejemplo más claro es que el <br />mercado bursátil se recuperó a las pocas semanas <br />del atentado a las Torres Gemelas. Más aún, <br />durante el cuarto trimestre de 2001 el PIB creció <br />a un ritmo acelerado y la tasa de desempleo cayó en forma substancial.<br /><br />Según el ex banquero central, estas <br />características de la economía estadounidense se <br />explican, esencialmente, por su gran flexibilidad <br />y capacidad de adaptación. En la página 255 de <br />The age of turbulence, Geenspan escribe: “Un <br />determinante fundamental del éxito económico es <br />el grado de flexibilidad de una economía y, por <br />tanto, su capacidad para resistir choques <br />externos. Para ser flexible, un mercado <br />competitivo debe tener la libertad de adaptarse, <br />lo que significa que los participantes deben ser <br />capaces de reasignar sus recursos de la manera que sea más<br /> conveniente”.<br /><br />Lo planteado por Greenspan es, desde luego, <br />razonable e intuitivo. En una economía <br />globalizada todo cambia a gran velocidad. Como en <br />Alicia a través del espejo, un país que no avanza <br />lo más rápido que puede, se queda atrás en <br />relación a otras naciones. Esto es, precisamente, <br />lo que está pasando en Chile. El retroceso en el <br />ranking del Banco Mundial sobre facilidad para <br />hacer negocios no se explica porque hayamos <br />implementado políticas particularmente dañinas; <br />lo que pasa es que mientras nosotros hemos <br />marcado el paso, el resto del mundo ha seguido avanzando.<br /><br />Pero lo más preocupante no es la caída en nueve <br />puestos en ese influyente ranking. Lo más <br />preocupante es que el tema no parece molestarles <br />a nuestras autoridades. Todo sugiere que al <br />interior de la Concertación el sector <br />socialdemócrata está ganando influencia y poder, <br />y que los aumentos de productividad y el <br />crecimiento económico han pasado a ser objetivos <br />de segundo plano. Ya no se habla de la <br />experiencia danesa ni de su tan publicitada <br />“flexiguridad”; no se habla de modernizaciones <br />profundas ni de reformas que vayan a aumentar la <br />eficiencia. Al contrario, todo parece indicar que <br />habrá más regulaciones y menor capacidad de adaptación.<br /><br />Tanto así, que según un artículo reciente, el <br />ministro del Trabajo Osvaldo Andrade dijo que no <br />es necesario flexibilizar el mercado laboral. El <br />ministro afirmó: “Chile es el país más flexible <br />de los que integran la OCDE, con los cuales nos comparamos”.<br /><br />Yo no sé qué información está usando el ministro, <br />ni con qué países nos está comparando. Pero lo <br />que sí sé es que si se usan los indicadores <br />habitualmente utilizados por los estudiosos del <br />tema, y si hacemos una comparación exigente –si <br />nos comparamos con los países avanzados que <br />exportan commodities, como Australia, Nueva <br />Zelanda y Canadá, por ejemplo– el resultado es desalentador.<br /><br />Uno de los índices más respetados sobre el grado <br />de adaptabilidad del mercado del trabajo es el <br />calculado por el Banco Mundial en su ejercicio <br />Doing Business. Según este indicador Chile está <br />en el lugar 59, entre 178 países. Esta es una <br />pobre ubicación cuando se le compara con los <br />países avanzados exportadores de commodities, los <br />que están, en promedio, en el lugar 11 de este <br />ranking. Otro índice que mide el grado de <br />dinamismo del mercado del trabajo es el calculado <br />por el Fraser Institute de Canadá. Este indicador <br />va de 1 a 10 y números más altos señalan mayor <br />flexibilidad. Chile tiene un índice de 5,3, lo <br />que es pobre en comparación con el 6,8 de los <br />exportadores de commodities. Si nos comparamos <br />con los llamados Tigres Asiáticos los resultados <br />tampoco nos favorecen, puesto que el índice para <br />este grupo es 6,7, muy superior al de nuestro país.<br /><br />El profesor James Heckman, ganador del premio <br />Nobel de Economía del año 2000, también ha <br />calculado una batería de índices sobre los costos <br />de las regulaciones laborales en una serie de <br />países. Según este análisis, en Chile es siete <br />veces más caro despedir a un trabajador que en <br />los países avanzados exportadores de commodities.<br /><br />Y según un extenso estudio dirigido por el <br />profesor de Harvard Andrei Schleifer, el mercado <br />laboral chileno es 67% más rígido que el de los <br />países avanzados que exportan commodities, y <br />también que el de los Tigres Asiáticos. Estos <br />resultados son particularmente importantes, ya <br />que para construir estos índices, el profesor <br />Shleifer y sus colegas analizaron con lujo de <br />detalles 32 características de la legislación laboral en decenas de<br /> países.<br /><br />Los índices calculados por académicos <br />prestigiosos e influyentes nos entregan un cuadro <br />consistente e inquietante: nuestra economía es <br />mucho más rígida que la de aquellos países <br />exitosos a los que aspiramos parecernos.<br /><br />Ello indica que si queremos dejar de ser los <br />eternos campeones de la Tercera División, y nos <br />interesa subir a la Liga de Honor, debemos <br />modernizar nuestra legislación laboral. Al <br />contrario de lo que dijo el ministro Osvaldo <br />Andrade, esta es una labor que no puede <br />postergarse. Es importante entender, sin embargo, <br />que una profunda reforma del mercado del trabajo <br />no tiene por qué traducirse en desprotección de <br />los trabajadores o en mayor precariedad laboral. <br />De hecho, es perfectamente posible modernizar <br />nuestra legislación y al mismo tiempo aumentar <br />los ingresos de los más pobres y la protección de <br />los asalariados Una propuesta concreta es <br />implementar un impuesto negativo al ingreso. La <br />idea es antigua y simple: todo trabajador obtiene <br />un crédito tributario por una cantidad <br />determinada –digamos 100 mil pesos mensuales, en <br />promedio–, independientemente de sus obligaciones <br />impositivas. Aquellos que por tener ingresos muy <br />bajos están exentos de impuestos a la renta <br />reciben este crédito en la forma de una transferencia monetaria o<br /> subsidio.<br /><br />Una segunda propuesta que va en la misma <br />dirección es utilizar parte de los fondos del <br />cobre para prefinanciar un seguro de desempleo <br />que pague benefi cios adecuados en el evento de <br />pérdida del trabajo. Este seguro reemplazaría al <br />actual y costosísimo sistema de indemnizaciones <br />por años de servicios. Como sugirió hace unos <br />meses el senador Carlos Ominami, un seguro de <br />desempleo bien diseñado es más eficiente y <br />socialmente más equitativo que el sistema actual.<br /><br />Muchos dirán que las ideas presentadas aquí son <br />demasiado ambiciosas y atrevidas. Es verdad; lo <br />son. Pero de eso, precisamente, se trata: lo que <br />el país necesita con urgencia es recuperar la <br />audacia de la política económica, para así <br />retomar la senda del crecimiento sostenido y del progreso.<br /><br />Sebastián Edwards, Ph.D. en Economía de la <br />Universidad de Chicago, es profesor de Economía <br />Internacional en la UCLA, California.Álvaro Undurragahttp://www.blogger.com/profile/17994891413630806251noreply@blogger.com